Discriminación…

Las campañas publicitarias de concienciación social tienden de forma periódica a emplear argumentos más agresivos o más livianos en función de las estadísticas que arrojan los actos relacionados con sus causas. Los anuncios de tráfico, por ejemplo, este año han tenido un perfil bastante duro como medida disuasoria para evitar tragedias y mayor número de accidentes de tráfico.

Personalmente, cada vez me gustan más las creatividades empleadas en proyectos cuya temática se centra en el abuso, violencia o discriminación. No quiero ser sarcástico, simplemente considero que son trabajos de una factura sobresaliente, con muchas horas de duro trabajo para intentar transmitir en mayor medida toda la información necesaria y pertinente a fin de”calar” en la mente del observador. Las campañas impresas lo bordan porque, como sabemos, plasmar un mensaje en un medio estático es harto complicado de alcanzar, más aún cuando el argumento tiene unas connotaciones tan relevantes como pueda ser por ejemplo la violencia doméstica.

El video incluido en este post trata de una manera magistral el tema de la discriminación. Considero esto porque, que levante la mano el que lo niegue, cuántas veces hemos estado en una situación similar o cuando menos parecida, y una voz nos susurra en el oído qué reacción o actitud debemos seguir, aunque finalmente actuemos de otro modo, pero siempre está ahí, perpetuo, nos acompaña allá donde vayamos y en ocasiones acaba convenciéndonos a nosotros y, como consecuencia, a nuestra conducta. Esta voz está perfectamente personificada en el actor de aspecto oscuro, triste, negativo, enfadado, con un tono de voz grave, peligroso, propio de un ser que invita a justificar acciones estúpidas por el color, la raza o el idioma de la persona que tenemos en frente y es protagonista con nosotros de esa realidad. Situaciones que vemos a diario donde hay muchos hombres “en la sombra” como el que nos ocupa.

Y, como es costumbre cuando escribo en mi bitácora, si nos llevamos este tema al mundo de la publicidad y comunicación, trasladamos este concepto “discriminación” al entorno de las marcas y sus fieles seguidores y prescriptores. En el fondo, las marcas quieren que sus usuarios observen y consuman exclusivamente sus productos, pretenden por todos los medios (publicidad, promociones, obsequios…) que no inviertan ni tan siquiera una fracción de segundo en la competencia. Entonces, ¿son las marcas ese hombre que susurra a sus clientes que discriminen aquellos productos que no llevan su sello, su logotipo? ¿Hemos llegado hasta ese límite en el que la marca quiere discriminar a las otras marcas? ¿Las personas discriminan a otras por emplear una marca distinta a la tuya? ¿El marketing ha traspasado la barrera de la ética?

Por supuesto, esto es un planteamiento subjetivo, sin ánimo de herir a nadie ni a nada, consiste en poner ciertos nombres a las acciones que llevan a cabo las empresas, pero denominarlas de formas distintas a los conceptos tradicionales como fan, seguidor, target, simplemente extrapolarlo a otros conceptos que sean capaces también de definir esa situación.

La discriminación entre seres humanos no debe existir en ninguna de sus formas.

De forma tajante.

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Acerca de Galo

Un tipo con incertidumbres y muchas ganas de conocer.
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